Arquitecturas inusuales: Experiencias «otras» en la Arquitectura y el Urbanismo,
Santiago de Chile (1950-2020)

La ciudad actual suele comprenderse como un conjunto de experiencias complejas, proclive a lo indeterminado, no como un objeto precisable o representable de manera comprehensiva. En este contexto que entiende a la ciudad como un «otro» inabarcable, como una acumulación incontrolada y contingente de materia y experiencia, se accede a esta muestra de condiciones, espacios o vivencias, muchas de ellas no celebradas.

En la segunda mitad del siglo XX, al quedar desenmascarada la instrumentalidad de la arquitectura moderna, las experiencias «otras» de la arquitectura y la ciudad se presentaron por asalto como alternativas disciplinares. Esto incluyó a lo otro encarnado en lo no planificado, lo común, lo feo, lo ordinario, lo raro o hasta lo ridículo. Pero siempre ha persistido un margen, un territorio de las diferencias. Se propone entonces mirar este territorio. Lo que aquí se muestra es una indagación sobre fenómenos, espacios o edificios ajenos a la arquitectura docta, a lo normalmente valorado en la academia y los gremios, o lo que ha sido rápidamente olvidado en estos espacios de discusión.

La enseñanza o la crítica arquitectónica privilegian lo claro y lo legible. Lo trasmisible, las genealogías precisas. Es comprensible, se produce y se mantiene una calidad, se trasmiten códigos, sistemas, y hasta se establecen claves estilísticas. Esta es la arquitectura extraordinaria que se dice ha terminado siendo usual en el contexto del Chile actual. Por otra parte, existen arquitecturas y experiencias urbanas que no aspiran ni pueden alcanzar el canon de la crítica, es la arquitectura que parte desde lo ordinario, y que quizás sometiéndose a estrategias de crítica y representación específicas e individuales pueden identificarse como territorios de exploración. Esto que es ordinario y en ocasiones, paradójicamente inusual, agrupa una serie de fenómenos urbanos ajenos a una teoría unificadora, un conjunto de evidencias que están ausentes de concepto. Lo demás, todo lo demás.

Gerard Vilar (2000) rescata una categoría de análisis muy acorde a estas cuestiones, útil en un momento que describe como de entropía estética. En el desorden de estímulos y experiencias del presente, Vilar afirma que resalta tan sólo aquello que suscita interés. De este modo, la categoría de lo interesante actuaría como un juicio estético provisional, una suerte de modo de indexación con el que el sujeto marca aquello que le ha pulsado la sensibilidad, aquello que por desconocido logra sorprenderle. Justamente define lo interesante como “lo estéticamente atractivo sin concepto.”

Arquitecturas inusuales

Por tanto, se debe apuntar que, en el espacio tan variado de lo ordinario, las experiencias arquitectónicas y urbanas que se quieren rescatar, son aquellas designables en principio tan solo como interesantes, y que en un proceso posterior de examen, representación y crítica podrán ser evaluadas de un modo menos provisional. Por ello, Vilar también reconoce que, desde la etimología del término, lo interesante remite también a lo intersticial, a lo que está “entre las cosas”.

Así, lo que se propone describir como arquitecturas inusuales es un conjunto informe que se compone de artefactos y experiencia al margen de lo normalmente discutido y valorado, un conjunto de evidencias que están ausentes de un concepto común, un conjunto de experiencias otras. De ellas se presenta aquí un índice provisional y seguramente insuficiente de experiencias arquitectónicas y urbanas capaces, ojalá, de suscitar interés. La mayoría ordinarias, otras, extrañas, por proponer paradojas o ser incisivas de un modo especial dentro de dichos modos, pero a la vez extraordinarias, poco usuales, inusuales.

Se pretende dirigir las miradas y los pasos hacia un residuo. Este se compone de lo encontrado entre fenómenos que pueden ser pensados, o incluso han sido formulados, desde la otredad arquitectónica y urbana. Un conjunto que abre la posibilidad de indagar sobre experiencias ajenas o incómodas a la arquitectura docta, a lo normalmente apreciado por la academia y por los gremios, o que, siendo piezas incluso valoradas o destellantes, pueden ser miradas desde una perspectiva que indague sobre lo inusual. Es un conjunto dispar, quizás forzado, como el descrito en aquella enciclopedia del Dr. Khun, que según se inventó Jorge Luis Borges, proponía una taxonomía asombrosa de los animales del reino.[1] Es un conjunto que produce tensión respecto a cómo, desde sus convenciones, la arquitectura ordena sus palabras y sus cosas. Por eso mismo, también es un conjunto que hace evidente el cómo, con frecuencia, operan la experiencia o la cultura en nuestros espacios habitados.

Este conjunto comprende entonces espacios públicos, territorios y experiencias urbanas que interesan  desde su valoración estética o tipológica dentro de la disciplina, que presentan situaciones o contenidos potenciales, o a veces, tan solo una aguda paradoja, un gesto, una reflexión, una inflexión. Lo inusual no significa que se exprese en pocas iteraciones, sino que, en ocasiones a pesar de repetirse y repetirse, siguen estando excluido de los sistemas de valoración y crítica de la arquitectura actual o histórica, y que por sus alguno de sus valores o potencialidades merecen más que la simple enumeración. Algunas, dan verdaderas lecciones que reconcilian la práctica con la producción de espacio o experiencia relevante, otras son el resultado de cómo las personas se las arreglan para habitar o intercambiar, algunas son residuos de otros tiempos condenados a la obsolescencia, o piezas recientes que, por la particularidad de sus enunciados o propuestas formales o espaciales, alejadas de lo modélico, merecen ser discutidos desde otras perspectivas. Pero por su origen, estado actual, pertenencia a movimientos o modas, opciones estilísticas, contradicciones aparentes, complejidad, u otras razones, no suelen ser reconocidas por la crítica ni pueden aspirar a la condición de modelo.

Lo que este trabajo pretende rescatar es la libertad de la excentricidad, lo fuera del centro, la potencia de lo que con o sin intención llama la atención, despierta interés, plantea interrogantes y abre espacios de oportunidad en arquitecturas capaces de ser descritas y valoradas de otro modo distinto al usual. Como lo pediría Georges Bataille (2003), valorar lo «otro», fuera de los trajes con que la razón trata de darle forma a lo existente. Desde este reconocimiento, este conjunto de casos es una invitación a un viaje a esa periferia del espacio de la ciudad  y de los conceptos. Un viaje es siempre explorar lo distinto. Como todo viaje, implica agudizar la atención, pasar cierta incomodidad, sentirse extrañado o expulsado, pero también abrirse a pequeños asombros ante lo inusual, lo antes no visto. Desde allí, salir del estado anestésico que impide cuestionar, observar, interrogar lo que está más a mano. Asombrarse ante la forma o el espacio, ante la fuerza de las personas, ante lo más inmediato, ante otros modos posible de pensar la arquitectura y la ciudad, el tiempo y espacio de la otredad.

[1] “los animales se dividen en a] pertenecientes al Emperador, b] embalsamados, c] amaestrados, d] lechones, e] sirenas, f] fabulosos, g] perros sueltos, h] incluidos en esta clasificación, i] que se agitan como locos, j] innumerables, k] dibujados con un pincel finísimo de pelo de camello, l] etcétera, m]que acaban de romper el jarrón, n] que de lejos parecen moscas”. Jorge Luis Borges, El idioma analítico de J Wilkins, 1952.