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Juegos Diana
Calle San Diego 438, Santiago
Sergio Moreira, arquitecto- Enrique Zuñiga, mandante
1978

Los Juegos Diana constituyen la memoria y también la actualización de modos específicos de entretenerse y ocupar el espacio en el centro de Santiago. A través de los años, desde la década del treinta del siglo pasado en adelante, por sus instalaciones han pasado distintos artefactos y máquinas de diversión, renovando permanentemente las posibilidades de recreación y entretención que acogen sus instalaciones.

Hoy los Juegos Diana están ubicados muy cerca de la Iglesia de los Sacramentinos y el Parque Almagro, en medio de un barrio residencial altamente densificado. El recinto que contiene a estos juegos actúa como una ‘caja de sorpresas’, haciendo evidente el contraste entre interior y exterior. Desde el exterior, las letras que dan nombre al lugar y el letrero perpendicular que cuelga de su fachada sobre la vereda anuncian su presencia, mientras una pequeña noria se asoma al exterior atravesando el techo y el lateral del galpón de franjas blancas y rojas que los contiene. Este extraño artefacto urbano se despliega en su interior un mundo inesperado, conformado por una serie de estimulantes objetos y máquinas que desconectan al visitante de la realidad exterior, dando paso a una espacialidad y temporalidad particulares.

Desde juegos clásicos como el ‘carrusel’, la ‘rueda de Chicago’ o el ‘barco pirata’ hasta la inclusión de contemporáneo entretenimientos de realidad virtual, estas presencias particularizan el interior de un edificio que inicialmente podemos describir como común u ordinario. Un sencillo galpón sin grandes cualidades, de una materialidad y carácter temporal, decorado al interior con tableros y textiles de colores que acoge en su interior una mezcla de artefactos propios de un parque temático exterior y de una enorme sala de juegos arcade. Así, se conforma un circuito o sistema de juegos, objetos y luces cuya densidad crece en la medida en que su uso y ocupación también se intensifica. Hablamos de un uso regulado por el giro de la rueda que permite a sus ocupantes asomarse de pronto a la ciudad y volver adentro, y así repetidamente hasta agotar el tiempo comprado por medio de su ticket.