014_residuos y persistencias en estación central

Villa San Luis
Presidente Riesco 5885, Las Condes
CORMU. Miguel Eyquem, Sergio Larraín, Ignacio Covarrubias, Jorge Swinburn, Alberto Collados, Nicolás Freund, Gonzalo Leiva e Isidoro Loi
1969-1974-situación actual

En la Villa San Luis de las Condes, podemos identificar como en la ciudad se acumulan distintas capas del pasado. Un pasado que por momentos comparece de forma clara, nítida, pero que en muchas ocasiones lo hace de manera difusa, producto de procesos complejos y contrasentidos.

Llamado inicialmente “Villa Ministro Carlos Cortés”, como agradecimiento al Ministro de Vivienda y Urbanismo del gobierno de Salvador Allende, incluso en los distintos nombres del conjunto se expresan las disputas de sentido que atraviesan la historia de este trozo de ciudad. Desde aquel nombre propio a, ahora, una referencia más genérica, pretendidamente neutra. Así, en la Villa San Luis reconocemos como la ciudad puede convertirse en un campo de intensas disputas simbólicas. Como un determinado sector, sus edificios, consciente o inconscientemente, se cargan de sentido, nos hablan y envían señales que nos permiten leer nuestro tiempo y mirar hacia el pasado desde una determinada perspectiva. En este caso concreto, no se trata ya de la presencia de un edificio definido y completo, sino extrañamente a la acumulación y protección de sus ruinas, del instante que nos habla ya de su rendición.

Este estado de situación nos devuelve una escena que podemos caracterizar como especialmente inusual, pues estas ruinas de una arquitectura moderna que aspiraba un sentido basado en lo público, ahora en su estado de absoluta no-edificabilidad, son rodeadas por la emergencia de una serie de edificios-torres que presumen con brillo y sin disimulo de su contemporaneidad. Se trata de un conjunto de nuevos edificios que parece ignorar toda preexistencia, pero que por eso mismo convierten en todavía más singular y extraña la escena de la Villa San Luis, sus vestigios y fragmentos. Pese a todo, la información que hasta el día de hoy nos entrega la Villa San Luis es de alto impacto. En sus vestigios, en sus formas ruinosas, derrumabadas, podemos advertir como las redes de memoria verdaderamente arraigadas son capaces de convertir a un espacio aparentemente en deterioro en fuente de emisión duradera del pasado. Antes de la acción de cualquier decreto institucional o estrategia de ‘patrimonialización’ y pese a su invisibilización, la Villa San Luis ha sabido perdurar como un trozo irremplazable de la historia reciente de nuestro país, sus heridas y conflictos no resueltos