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Arquitecturas mínimas y arquitecturas del cuerpo
Barrios comerciales y de alto flujo peatonal
Vernáculo urbano comercial
Situación actual

Probablemente como una herencia palpable de la modernidad y su forma de entender el mundo, la arquitectura y la planificación urbana concentran buena parte de sus esfuerzos en proyectar la realidad. Es decir, en intentar predecir o anticipar aquello que puede ocurrir, convirtiendo a la realidad en un espacio que puede ser pre-configurado a partir de las decisiones tomadas por quienes poseen la potestad técnica para hacerlo.

Sin embrago, más allá de este empeño disciplinar en establecer normas y predecir comportamientos en el espacio, la experiencia cotidiana nos señala la imposibilidad de una anticipación total, la ficción que muchas veces se esconde tras cada gesto de orden. La irrupción de una serie de prácticas y objetos inesperados en la ciudad, exponen a cualquier tipo de organización a la posibilidad de una permanente re-significación. El caso del comercio informal y su expansión en distintas zonas de las grandes ciudades, como ocurre en el caso de Santiago, es un ejemplo de la inestabilidad del orden establecido. Esta presencia extraña, inusual, no sólo es capaz de cambiar o subvertir usos y funcionamientos, sino también de hacer visibles otros códigos estéticos, que muchas veces exceden los patrones del ‘buen gusto’ arquitectónico o urbano.

Mobiliario urbano, comercios improvisados a pie de calle, infraestructuras ‘hechizas’ elaboradas a partir de la acumulación de objetos, superposiciones de elementos, ritmos, colores y olores, son algunos de los ingredientes de este mundo que irrumpe en la ciudad sin pedir permiso, modificando y diversificando su uso. También, estas intervenciones están asociadas a acciones, a formas de ocupar, estar y recorrer el espacio. En estas acciones los cuerpos -que venden, compran, miran o simplemente pasean­ asumen un rol protagónico, pues llenan de sentido al espacio, llevando al extremo sus condiciones de habitabilidad. Así, las personas involucradas en estas acciones acondicionan el espacio que usan, también su propio cuerpo, para vender y ofrecer servicios, para ‘marcar territorio’ en aquellos espacios más transitados de la ciudad.

De esta manera, el carácter inusual, repentino de estas pequeñas arquitecturas nos recuerdan la fragilidad de la ciudad contemporánea, una condición que no necesariamente debe ser leída como una carencia, más bien como una oportunidad de resituarnos permanentemente en el espacio urbano, de volver observar con otros ojos aquello que creíamos conocido.