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Trazados aéreos de redes de alta tensión
Avenida Las Torres, Cerro Navia y Comunas Adyacentes / Avenida Alonso de Córdoba, Vitacura
Sistema Eléctrico Interconectado Central de Chile.
s.f. – situación actual

La modernización urbana ha traído como consecuencia la aparición de un ‘paisaje’ de infraestructuras que hoy parece inseparable del tránsito por las ciudades. En el caso de Santiago, uno de estos sistemas que se torna especialmente visible es el de transmisión eléctrica por medio de líneas de alta tensión, expresadas como conductores elevados mediante torres. Más allá de su definición formal, estas torres y trazados dejan su impronta sobre el territorio, definiendo zonas, estableciendo divisiones, marcando materialmente el espacio público, y produciendo espacios residuales o inutilizados.

Se seleccionan sectores de dos trazados de líneas de alta tensión con gran expresión urbana por medio de sus torres y tendidos eléctricos. Uno de los trazados corresponde a la Avenida Las Torres en su paso por la comuna de Cerro Navia, que discurre hacia el sur, proveniente de la subestación homónima en Calle Mapocho, y que se extiende más allá hacia las comunas de Lo Prado y Maipú. El otro, corresponde al eje que da continuidad a IV Centenario con la calle Alonso de Córdova, en el sector oriente de Santiago, entre las comunas de Vitacura, Las Condes y La Reina. 

Contrastando estos casos es evidente que las cualidades de las torres utilizadas, así como el modo cómo se articulan con el espacio público, son radicalmente distintas según el estrato socioeconómico de la zona donde se implantan. En el primer caso, la torre de diseño estereométrico ocupa gran cantidad de espacio público y se dispersa visualmente, además de tener que protegerse de los automóviles o el vandalismo por medio de defensas y cercos. En el segundo, la estructura basada en un único mástil, muy esbelta y con más cuidado formal, ocupa mínimamente la vereda, y se presenta con un perfil visual agraciado. En ambos casos, las torres ocupan y generan una franja de protección que en el primer caso tiene un carácter meramente residual y contingente, y en el segundo está articulado a un diseño del espacio público más cuidadoso. Se refuerza entonces, con el tratamiento de la infraestructura, la desigualdad socio-espacial de Santiago.

Sin embargo, siendo piezas tan extrañas en ambos casos, en la ciudad actual parece estarse habituado convivir junto a todo tipo de redes que irrumpen en el tejido urbano. Uno de los signos de la ciudad contemporánea: naturalizar la extrañeza y convivir con ella, y también naturalizar una desigualdad espacial, que es signo de un deterioro progresivo de la cualidad general de la ciudad.