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Residuos y persistencias en el desarrollo reciente de Estación Central
Entre Autopista Central, Av. Las Rejas, Calle Embajador Quintana y Av. 5 de Abril. Comuna de Estación Central
Situación actual, 2022

Un importante sector de la comuna de Estación Central, muy bien conectado y adyacente al centro ha sido objeto de una transformación muy intensa en a partir de la década de 2000. La ausencia de un Plano Regulador Comunal hizo que se extendiera aquí la producción masiva de enormes y muy densos edificios de vivienda en altura, en un proceso descrito como el resultado de enormes operaciones de especulación inmobiliaria, que ha llevado a un proceso de “guetificación” de la comuna, donde en muy poco espacio viven muchísimas familias al límite inferior de lo permitido por la norma. En los años subsiguientes se han identificado problemas de orden físico-espacial y social, donde gran cantidad de personas habitan espacios mínimos, con servicios internos y externos insuficientes, en medio de estrategias de control social producidas desde las mismas comunidades que las acogen. 

Mientras que los desarrollos considerados abusivos se han visto detenidos por distintos litigios, a la vez se han presentado otros recientes con densidades y dimensiones más razonables. Pero como resultado del período anterior, el paisaje urbano presente se compone de una mezcla de los enormes edificios, algunos nuevos de escala menos agresiva, un conjunto de restos edificados del barrio obrero preexistente, y galpones o predios eriazos sin perspectivas de desarrollo inmediato. Pero lo inusual en este sector, no es esto, muy común en las formas actuales de desarrollo de Santiago. Lo extraño es el resultado de estas condiciones llevadas al extremo, y algunas consecuencias no esperadas. Los últimos años se han instalado aquí más de 80.000 nuevos habitantes, mayormente jóvenes solos, en parejas o pequeñas familias, y muchísimos migrantes extranjeros. Intempestivamente han ocupado los barrios y edificios con sus demandas, formas de hacer y expresiones culturales. Junto a ellos se ha localizado en muy poco tiempo una oferta muy variada y densa de comercio local variado, ocupando el espacio dejado vacante por las grandes operaciones inmobiliarias. Aparte de los escasos locales comerciales en los grandes bloques, el nuevo comercio ocupa antiguas casas obreras, galpones y predios vacíos, además de veredas y espacios públicos por medio de prácticas informales. De este modo, las formas cómo estas actividades ocupan el espacio, los avisos de distinta escala y cualidad, el color y la exhibición de la mercancía, junto a la fábrica urbana antigua en su materialidad, contrasta por su escala menuda y pintoresquismo local con la lógica arquitectónica instrumental brutalmente impuesta de las nuevas edificaciones. En medio de los nuevos y enormes flujos de habitantes que transitan cotidianamente, y de quienes permanecen en el barrio, la calle aparece en estos sectores con una lógica renovada, aunque precaria en lo que ofrece desde lo público, convirtiéndose en un espacio de intercambio, encuentro, indiferencia, o conflicto entre personas de distinto origen o nacionalidad, con distintos roles o grados de permanencia. Entre el color de los muros y anuncios, la densidad de la mercancía en intercambio, lo exótico de los sonidos y aromas, y el trepidante caminar, por accidente y como residuo de la negligencia institucional y la operación especulativa, estos sectores de Estación Central se presentan como un paisaje urbano muy potente que se instala en los restos de la operación que paradójicamente le da lugar desde su insensibilidad. Un enorme y curioso barrio cosmopolita signado por una enorme fuerza urbana, pero también por la inestabilidad y la precariedad de lo que ofrece.